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JESÚS DE LA
DIVINA MISERICORDIA
Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska:
“Me
queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas
sobre las almas,
y las almas no quieren creer en mi bondad.
Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (...)
Dile a la humanidad doliente que se abrace a mi Corazón
misericordioso y Yo la llenaré de paz”. “La humanidad no
encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a
mi Misericordia”.
"De todas Mis llagas, como de arroyos,
fluye la misericordia para las almas, pero la herida de
Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites,
de esta fuente brotan todas las gracias para las almas".
“El alma que confíe en mi
Misericordia no perecerá, ya que todos sus asuntos son
míos. El alma más feliz es la que confía en mi
Misericordia, pues Yo mismo la cuido”.
"Proclama que ningún alma que ha
invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha
sentido confusión".
"Hija Mía, escribe que cuanto más grande
es la miseria de un alma tanto más grande es el derecho
que tiene a Mi misericordia e invita a todas las almas a
confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia,
porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la Fuente de
Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza
para todas las almas, no he excluido a ninguna".
"Que los más grandes pecadores pongan su
confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen
derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija
Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas
afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi
misericordia. A estas almas les concedo gracias por
encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador
más grande si él suplica Mi compasión, sino que lo
justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia.
Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en
par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar
por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la
puerta de Mi justicia..."
“Yo soy el Amor y la Misericordia.
Quien se acerque a Mí con confianza recibe mi gracia con
tal sobreabundancia, que no la puede contener y la
irradia sobre los otros”.
“Ningún pecado, aunque sea un abismo
de corrupción agotará mi Misericordia".
"Escribe de Mi Misericordia. Di a las
almas que es en el tribunal de la misericordia donde han
de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros más
grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este
milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni
celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta
acercarse con fe a los pies de Mi representante y
confesarle con fe su miseria y el milagro de la
Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud.
Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de
tal manera que desde el punto de vista humano no
existiera esperanza alguna de restauración y todo
estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de
la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su
plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro
de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea
demasiado tarde".
“Por los pecadores bajé a la tierra y
derramé toda mi Sangre”.
"Diles a las almas, hija Mía, que les
doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo
solo y soporto la justa ira de Mi Padre".
"Escribe: Soy santo, tres veces santo y
siento aversión por el menor pecado. No puedo amar al
alma manchada por un pecado,
pero
cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella
no conoce límites. Mi misericordia la abraza y
justifica. Persigo a los pecadores con Mi misericordia
en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando ellos
vuelven a Mí. Olvido las amarguras que dieron a beber a
Mi Corazón y Me alegro de su retorno. Di a los pecadores
que ninguno escapará de Mis manos. Si huyen de Mi
Corazón misericordioso, caerán en mis manos justas. Di a
los pecadores que siempre los espero, escucho
atentamente el latir de sus corazones para saber cuándo
latirán para Mí. Escribe que les hablo a través de los
remordimientos de conciencia, a través de los fracasos y
los sufrimientos, a través de las tormentas y los rayos,
hablo con la voz de la Iglesia y si frustran todas Mis
gracias, Me molesto con ellos dejándoles a sí mismos y
les doy lo que desean".
“Los mayores pecadores podrían
convertirse en grandes santos si confiaran en mi
Misericordia. Encuentro mis delicias santificando a las
almas. Los mayores pecadores tienen particular derecho a
mi Misericordia. Es para Mí una alegría cuando acuden a
mi Misericordia. Les colmo por encima de su esperanza”.
"Escribe, hija Mía, que para un alma
arrepentida soy la misericordia misma. La más grande
miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi
Corazón siente una gran misericordia por ella".
“Di a mis Sacerdotes que los
pecadores empedernidos se derretirán a causa de sus
palabras, cuando hablen sobre mi insondable Misericordia
y sobre la compasión que mi Corazón tiene para con
ellos”.
“Las almas que acudan al Tribunal de
la Misericordia encontrarán los más sorprendentes
milagros, pues cuando te acerques a confesar, debes
saber que Yo mismo te espero en el confesionario, oculto
en el Sacerdote”.
“Yo no puedo castigar al que confía
en mi Misericordia. Castigo cuando se me obliga. Pero
antes de venir como Juez el Día de la Justicia, Yo abro
las puertas de mi Amor y concedo el tiempo de la
Misericordia”.
“Escribe esto para las almas
afligidas: Cuando el alma ve y reconoce la gravedad de
sus pecados, cuando se descubre ante sus ojos todo el
abismo de miseria en que ha caído, no se desespere sino
que se arroje con confianza en los brazos de mi
Misericordia, como un niño entre los brazos de su madre
amadísima”.
"Mi Corazón está colmado de gran
misericordia para las almas y especialmente para los
pobres pecadores. Oh, si pudieran comprender que Yo soy
para ellas el mejor Padre, que para ellas de Mi Corazón
ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante
de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo; como
Rey de Misericordia deseo colmar las almas de gracias,
pero no quieren aceptarlas. Por lo menos tú ven a Mí lo
más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no
quieren aceptar y con esto consolarás Mi Corazón. Oh,
qué grande es la indiferencia de las almas por tanta
bondad, por tantas pruebas de amor. Mi Corazón está
recompensado solamente con ingratitud, con olvido por
parte de las almas que viven en el mundo. Tienen tiempo
para todo, solamente no tienen tiempo para venir a Mí a
tomar las gracias".
"Oh, si los pecadores conocieran Mi
misericordia no perecería un número tan grande de ellos.
Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de
acercarse a Mí, habla de Mi gran misericordia".
"La pérdida de cada alma me sumerge en
una tristeza mortal. Tú siempre me consuelas cuando
rezas por los pecadores. Tu oración que más me agrada es
la oración por la conversión de los pecadores. Has de
saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada".
Jesús: "Hija Mía, ¿crees, quizá, que
hayas escrito suficiente sobre Mi misericordia? Lo que
has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo
soy el Amor y la Misericordia Misma; no existe miseria
que pueda medirse con Mi misericordia, ni la miseria la
agota, ya que desde el momento en que se da mi
misericordia aumenta. El alma que confía en Mi
misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo
cuidado de ella".
"Secretaria Mía, escribe que soy más
generoso para los pecadores que para los justos. Por
ellos he bajado a la tierra... por ellos he derramado Mi
sangre; que no tengan miedo de acercarse a Mí, son los
que más necesitan Mi misericordia".
"He abierto Mi Corazón como una Fuente
viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de
ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de
misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y
los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya
depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora
de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina".
"Diles a las almas que no pongan
obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia
que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia
actúa en todos los corazones que le abren su puerta;
tanto el pecador como el justo necesitan Mi
misericordia. La conversión y la perseverancia son las
gracias de Mi misericordia.
Que las almas que tienden a la
perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque
la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi
misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una
confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo me
ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo
lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi
misericordia se toman con un solo recipiente y éste es
la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más
recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran
consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros
de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi
deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en
cambio, si las almas piden poco, estrechan sus
corazones".
"En el Antiguo Testamento enviaba a los
profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a
toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero
castigar a la humanidad doliente, sino que desea
sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso
de los castigos cuando me obligan a ello; Mi mano
resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día
de la justicia envío el día de la misericordia".
"Escribe sobre Mi bondad lo que te venga
a la cabeza. Contesté: Pero, Señor, ¿si escribo
demasiado? Y el Señor me respondió: Hija Mía, aunque
hablaras todas las lenguas de los hombres y de los
ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que
glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable,
apenas en una pequeña parte".
"Escribe, hija Mía, que para un alma
arrepentida soy la misericordia misma. La más grande
miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi
Corazón siente una gran misericordia por ella".
"Cuánto deseo la salvación de las almas.
Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi
vida divina en las almas humanas y santificarlas, con
tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes
pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en
Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de
misericordia que está derramada sobre todo lo que he
creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla
de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra
es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe,
secretaria Mía, que el director de las almas lo soy Yo
mismo directamente, mientras indirectamente las guío por
medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la
santidad por el camino que conozco solamente Yo".
ORACIÓN A LA
DIVINA MISERICORDIA
“Es mi
deseo que tengas un conocimiento más profundo del amor
que quema Mi corazón, y tú entenderás esto, cuando
medites en Mi Pasión. Pidan Mi Misericordia a favor de
los pecadores, yo deseo su salvación. Cuando digas esta
oración, con un corazón contrito y con fe por el bien de
algún pecador, Yo le daré la gracia de la conversión.
Esta es la oración:
“¡Oh Sangre
y Agua, que
brotaste
del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia
para
nosotros, yo confío en Ti!”.
Promesas a los que propaguen esta devoción:
“A las
almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las
protejo durante toda su vida como una madre cariñosa
protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte
no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.
“Las almas
que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a
ella invitando a otras almas a confiar en mi
Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la
muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último
combate”.
Condiciones para alcanzar
gracias:
Confianza: “Cuanto más
confíe un
alma, tanto más
recibirá”.
“Si tu
confianza es grande, mi generosidad no tendrá límites”.
"Las almas que
confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en
tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias".
"Oh, cuánto me
hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que
soy santo y justo, y no cree que Yo soy la Misericordia,
no confía en Mi bondad. También los demonios admiran Mi
justicia, pero no creen en Mi bondad".
"Proclama que
la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas
las obras de Mis manos están coronadas por la
misericordia".
"Todo lo que
dices sobre Mi bondad es verdad y no hay expresiones
suficientes para exaltar Mi bondad".
"Cuando un
alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye
al fondo mismo del infierno".
"Escribe: Todo
lo que existe está encerrado en las entrañas de Mi
misericordia más profundamente que un niño en el seno de
la madre. Cuán dolorosamente Me hiere la desconfianza en
Mi bondad. Los pecados de desconfianza son los que Me
hieren más penosamente".
“Deseo
conceder gracias inimaginables a las almas que confían
en mi Misericordia”.
“Que se
acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza.
Los pecadores obtendrán la justificación y los justos
serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su
confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le
colmaré el alma con mi paz divina”.
Misericordia con el prójimo:
“Si un alma no practica la misericordia de alguna
manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh,
si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no
serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi
juicio”.
Recordemos
que las obras de misericordia son
las siguientes:
Espirituales:
enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo
necesita, consolar al triste, corregir al que yerra,
perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos
ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.
Corporales:
dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento,
vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a
los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los
muertos.
"Hija Mía,
necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos
tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo
contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con
sus sacrificios, practicando la misericordia
espiritualmente".
La
Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar
con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta
de misericordia con el prójimo.
¡Qué menos
que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día!
Sea de obra, palabra o con la oración.
Cuadro de Jesús Misericordioso:

Jesús dijo
a Sor Faustina: “Dibuja un cuadro según me estás
viendo, con la invocación: “Jesús en Vos confío”. Quiero
que se venere en el mundo entero”.
“Los
dos rayos
significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza
el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo
simboliza la Sangre que es la vida de las almas... Ambos
rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi
misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en
la cruz por la lanza.
Estos rayos
protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.
Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque
no le alcanzará la justa mano de Dios".
“Yo
preservaré las ciudades y casas en las cuales se
encontrase esta imagen”.
“Prometo
que el alma que venere esta imagen no perecerá. Prometo
ya aquí en la tierra la victoria sobre los enemigos:
sobre todo a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé
como a mi Gloria. Ofrezco a los hombres
un recipiente
con el que han de venir
a la fuente
de la Misericordia
para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con
la firma: Jesús, en Vos confío”.
Jesús
promete la salvación eterna y grandes
gracias y
progresos en la santidad a los que le den culto por
medio de esta imagen. En tu hogar y en tu cartera
ponla
en un lugar preferente.
"No en la
belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza
de esta imagen, sino en Mi gracia".
Fiesta de la Misericordia:
“Debe
celebrarse el Domingo siguiente al de Pascua de
Resurrección. Ese día, los Sacerdotes deberán predicar a
las almas mi infinita Misericordia”.
"A los
sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les
daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y
sacudiré los corazones a los cuales hablen".
“En ese día
estarán abiertas todas las Fuentes de mi Misericordia.
Deseo que esta Festividad sea un refugio para todas las
almas, pero sobre todo para los pecadores”.
"Hija Mía, di
que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi
misericordia para el consuelo del mundo entero".
“El alma
que acuda a la Confesión y que reciba la Sagrada
Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del
castigo... Que el alma no tema acercarse a Mí, aunque
sus pecados sean como la grana”.
"Hija Mía,
como te preparas en Mi presencia, así te confiesas ante
Mí; el sacerdote es para Mí sólo una pantalla. No
analices nunca de qué clase de sacerdote Me estoy
valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías
Conmigo, y Yo llenaré tu alma con Mi luz"
“Toda
Comunión recibida con corazón limpio, tiende a
restablecer, en aquel que comulga, la inocencia
inherente al Bautismo, puesto que el Misterio
Eucarístico es “fuente de toda gracia”.
"Deseo unirme
a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las
almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un
corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos
llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al
alma, pero las almas ni siquiera Me prestan atención, Me
dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué triste es
para Mí que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan
como una cosa muerta".
Al sumergirme
en la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y
vi al Señor Jesús expuesto en la custodia; en lugar de
la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el Señor
me dijo: "Lo que tú ves en realidad, estas almas lo
ven a través de la fe. Oh, qué agradable es para Mí su
gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mí ninguna
traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en
toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia. Pero
para que Yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener
fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva".
"Las almas
mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la
última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi
misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para
siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a
las almas de esta gran misericordia Mía, porque está
cercano el día terrible, el día de Mi justicia".
La
Hora de la Misericordia:
Jesús llamó
“La Hora de la Misericordia” a las 3 de la tarde, por
ser la hora de su muerte: “A las 3 de la tarde
implora mi Misericordia especialmente para los pecadores
y, aunque sea por un momento, contempla mi Pasión; sobre
todo el abandono en el momento de mi agonía. Esta es la
hora de la gran Misericordia para todo el mundo. En esta
Hora no negaré nada al alma que lo pida
por los
méritos
de mi
Pasión”.
"Son pocas las
almas que contemplan Mi Pasión con verdadero
sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi
Pasión, les concedo el mayor número de gracias".
"Te recuerdo,
hija Mía, que cuantas veces oigas el reloj dando las
tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia,
adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia
para el mundo entero y especialmente para los pobres
pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par
para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que
pides para ti y para los demás. En esa hora se
estableció la gracia para el mundo entero: la
misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa
hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo
permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía
Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y
adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está
lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la
capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque
sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi
misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya
que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más
profundo".
Rosario
o
coronilla
de
la Misericordia:
El Señor le
dedicó 14 revelaciones: “Por el rezo de este Rosario,
me complace dar todo lo que me pidan. Quien lo rece,
alcanzará gran Misericordia en la hora de su muerte.
Aunque sea un pecador empedernido, si reza este Rosario,
aunque sea una sola vez, logrará la gracia de mi
infinita Misericordia”.
“Cuando los
pecadores recen este Rosario, llenaré sus almas de
tranquilidad, y será feliz la hora de su muerte. No les
afectará el temor. Mi Misericordia les amparará en esta
última lucha”.
“Defenderé
como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la
hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al
agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando
cerca de un agonizante es rezada esta coronilla, se
aplaca la ira divina y la insondable misericordia
envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi
misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo"
"Cuando
recen este Rosario al lado del moribundo, me pondré
entre el Padre y el alma moribunda, no como justo Juez,
sino como Redentor Misericordioso".
"A las almas
que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá
en vida y especialmente a la hora de la muerte".
"Hija mía,
anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A
quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo
que Me pidan. Cuando la recen los pecadores
empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su
muerte será feliz".
“Los
Sacerdotes ofrezcan este Rosario a los pecadores, como
el último socorro”.
"Oh, ¡qué
enorme caudal de gracias derramaré sobre las almas que
recen esta Coronilla. Las entrañas de mi Misericordia se
enternecen por aquellos que rezan la Coronilla. Anota
estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi
misericordia para que toda la humanidad conozca la
infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos
tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia.
Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de
Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua
que brotó para ellos".
Dos
casos aparecen en el Diario de Santa
María
Faustina que envuelven tormentas, #1731 y # 1791, y en
ellos ella usa la Coronilla de la Divina Misericordia
como un látigo poderoso:
“Hoy me
despertó una gran tormenta, el viento estaba enfurecido
y llovía como si hubiera un huracán, a cada rato caían
rayos.
Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño;
de repente oí estas palabras: Reza la coronilla que
te he enseñado y la tempestad
cesará.
En seguida he comenzado a rezar la coronilla y ni
siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado y
oí estas palabras: A través de ella obtendrás todo,
si lo que pides
está
de acuerdo con
Mi
voluntad.”
(1731)
“Cuando
se acercaba una gran tormenta me puse a rezar la
coronilla. De repente oí la voz de un ángel: no puedo
acercarme con la tempestad, porque el resplandor que
sale de su boca me rechaza a mí y a la tormenta. Se
quejaba el ángel con Dios. De súbito conocí lo mucho que
habría de devastar con esa tempestad, pero conocí
también que esa oración era agradable a Dios y lo
potente que es la coronilla.” (1791)
Fue el 22
de mayo, cuando ocurrió el siguiente incidente y la
Hermana
Faustina
lo
anotó para mostrar el poder que Jesús mismo le atribuyó
a la
coronilla
de la Divina Misericordia, que Él le enseñó:
“Hoy el
calor es tan intenso que es difícil soportarlo. Todos
estamos sedientos por la lluvia, y ella todavía no
viene. Por muchos días el cielo ha estado nublado, pero
no llueve. Cuando miro a las plantas, sedientas de agua,
sentí mucha compasión y decidí rezar la
coronilla,
hasta que el Señor nos mandara lluvia. Antes de la cena,
el cielo se cubrió de nubes, y una fuerte lluvia cayó
sobre la tierra. Yo había estado rezando esta
plegaria
por tres horas
sin cesar.
Y el Señor me
ha dado a
conocer que a través de esta oración se puede obtener
todo”.
(1128)
Diálogos de Dios misericordioso
La bondad de Dios
La
Misericordia de Dios oculto en el Santísimo Sacramento;
la voz del Señor que nos habla desde el trono de la
misericordia: Venid a Mí todos.
Diálogo de Dios misericordioso con el alma pecadora
– Jesús:
No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy
el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma
no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas, hija, de
tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la
Misericordia que quiere decirte personalmente las
palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh, cuánto
me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y
te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.
– El alma:
Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal
camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.
– Jesús:
Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.
– El alma:
Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.
– Jesús:
¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la
Misericordia? Mi santidad no Me impide ser
misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido
el trono de la misericordia en la tierra y este trono es
el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo
bajar a tu corazón. Mira, no me he rodeado ni
de
séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mí en
cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar
contigo y deseo concederte gracias.
– El alma:
Señor, temo que no me perdones un número tan grande de
pecados; mi miseria me llena de temor.
– Jesús:
Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del
mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé
del cielo a la tierra, y por ti dejé clavarme en la
cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera
abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la
Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta
fuente con el recipiente de la confianza. Jamás
rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha
hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué
habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el
favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te
colmaré de los tesoros de Mis gracias.
– El alma:
Con Tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de
piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad
al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tú Mismo por
la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la
gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que
Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su
totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía
esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad
ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi
corazón, lleno de gratitud por tantas gracias. Había
errado por el mal camino como el hijo pródigo, pero Tú
no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu
misericordia, porque ves lo débil que soy.
– Jesús:
Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me
acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo
decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de
la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe
copiosamente de la fuente de la vida y no pararás
durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia
y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi
misericordia.
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada
– Jesús:
Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes,
todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es
el Amor y la Misericordia Misma. Pero,
desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la
llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún
mayores.
– Jesús
vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre
misericordioso.
En el alma
se despierta la respuesta: Para mí ya no hay
misericordia. Y cae en las tinieblas aún más densas, en
una especie de desesperación que le da la anticipada
sensación del infierno y la hace completamente incapaz
de acercarse a Dios.
Jesús habla
al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y
ciega, empieza a afirmarse en la dureza y la
desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a
esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin
ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su
gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en
el estado en que ella quiere permanecer por la
eternidad. Esta gracia sale del Corazón misericordioso
de Jesús y alcanza el alma con su luz y el alma empieza
a comprender el esfuerzo de Dios, pero la conversión
depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la última
para ella y si muestra un solo destello de buena
voluntad aunque sea el más pequeño, la misericordia de
Dios realizará el resto.
– [Jesús]: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz
el alma que aproveche esta gracia.
– Jesús:
Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a
Mí. Te veo muy débil, por lo tanto te tomo en Mis
propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.
– El alma
como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía
misericordia para mí? pregunta llena de temor.
– Jesús:
Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a
Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti,
en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la
gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.
– El alma:
Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis
pecados y este terrible temor que me empuja a dudar en
Tu bondad.
– Jesús:
Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han
herido tan dolorosamente Mi Corazón como tu actual
desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi amor y
Mi misericordia no te fías de Mi bondad.
– El alma:
Oh Señor, sálvame Tú mismo, porque estoy pereciendo; sé
mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa,
mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú, Señor...
Jesús no
permite al alma terminar estas palabras, la levanta del
suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la
introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los
pecados desaparecen en un abrir y cerrar de ojos,
destruidos por el ardor del amor.
– Jesús:
He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma
de él todo lo que necesites.
– El alma:
Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que
una vida nueva ha entrado en mí y, ante todo, siento Tu
amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la
eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu
misericordia; animada por Tu bondad, Te expresaré todo
el dolor de mi corazón.
– Jesús:
Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el
Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.
– El alma:
Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú
me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos tus
esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del
infierno por haber malgastado Tus gracias.
Jesús
interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te
abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar;
mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis
sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé
misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso
contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se debilitan,
ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma,
y no pararás en el camino.
– El alma:
Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como
una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre,
salvándome del terrible infierno que he merecido no una
sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará
para glorificar dignamente Tu misericordia insondable,
Tu compasión por mí.
Diálogo de Dios misericordioso con el alma que sufre
– Jesús:
Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes
fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré sólo Yo,
oh alma. Aunque tus sufrimientos fueran grandísimos, no
pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero
dime, niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu
corazón? Dímelo todo, dímelo todo, sé sincera al tratar
Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo
las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente
de tu santificación.
– El alma:
Señor, mis sufrimientos son tan grandes y diversos y
duran desde hace tanto tiempo que el desaliento ya
empieza a apoderarse de mí.
– Jesús:
Niña Mía, no puedes desanimarte; sé que confías en Mí
sin límites, sé que conoces Mi bondad y Mi misericordia.
Así pues, hablemos, detalladamente de todo lo que pesa
más sobre tu corazón.
– El alma:
Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar
primero ni cómo expresar todo esto.
– Jesús:
Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues
bien, niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino
de la santidad?
– El alma:
La falta de salud me detiene en el camino de la
santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy
un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos
rigurosos como hacían los santos; además no creen que
estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y
de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo
se puede llegar a ser santa en tales condiciones?
– Jesús:
Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay
otro camino al cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fui
el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el
camino más corto y el más seguro.
– El alma:
Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el
camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y
me hacen sufrir mucho.
– Jesús:
Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de
este mundo. Primero Me persiguió a Mí, esta persecución
es la señal de que sigues mis huellas con fidelidad.
– El alma:
Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el
confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las
tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar?
Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de
la santidad no son para mí.
– Jesús:
Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé
que es un gran sufrimiento el de no ser comprendida y
sobre todo por los que amamos y a los cuales
manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que
Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me
agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en
Mis representantes, pero debes saber que los hombres no
pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera
sus posibilidades. Por eso Yo mismo me he quedado en la
tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu
alma para que no pares en el camino. Dices que unas
tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué en
tales momentos no vienes a Mí que soy la luz y en un
solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y
tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al
leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de enseñar
ni iluminar así al alma? Has de saber además que por
estas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero
Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo
estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una
pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial
amor a ti y el alto grado de santidad que te destino en
el cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de
Mi Corazón.
– El alma:
Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y
rechazan los hombres, y especialmente aquellos con
quienes tuve derecho de contar y además en los momentos
de mayor necesidad?
– Jesús:
Niña Mía, has el propósito de no contar nunca con los
hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a
Mi voluntad y dices: Hágase en mí, oh Dios, no según lo
que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que
estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un
solo instante elevan al alma a las cumbres de la
santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal
alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo
con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que
la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los
sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión;
pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con
el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que
necesites.
– El alma:
Gracias, oh Señor, por tu bondad inconcebible, por
haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro
donde vives con nosotros como Dios de la misericordia y
difundes alrededor de Ti el resplandor de Tu compasión y
bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he
conocido cuánto me amas.
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a
la perfección
– Jesús:
Me son agradables tus esfuerzos, oh alma que tiendes a
la perfección. Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo
triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta
tristeza y cuál es su causa?
– El alma:
Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros
propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos
errores. Hago los propósitos por la mañana y por la
noche veo cuánto me he desviado de ellos.
– Jesús:
Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de
tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y
te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe
entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de
la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he
limitado el número de perdones.
– El alma:
Sí, lo sé todo, pero me asaltan grandes tentaciones y
varias dudas se despiertan en mí y además todo me irrita
y desanima.
– Jesús:
Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la
santidad es el desaliento y la inquietud injustificada
que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las
virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni
por un instante turbar tu paz interior y la
irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor
propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor
reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto,
confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino
que] venir a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy
siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo
pides, glorificas Mi misericordia.
– El alma:
Yo reconozco lo que es más perfecto y lo que Te agrada
más, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo
que conozco.
– Jesús:
Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran
lucha por Mi reino, pero no tengas miedo porque no estás
sola. Yo te respaldo siempre, así que apóyate en Mi
brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la
confianza y recoge de la fuente de la vida no sólo para
ti, sino que piensa también en otras almas y
especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi
bondad.
– El alma:
Oh Señor, siento que mi corazón se llena de Tu amor, que
los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado mi
alma. Heme aquí, Señor, que voy para responder a Tu
llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu
gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente
al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer las
almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas
las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu
misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté
llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas
contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como
con un escudo.
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma perfecta
– El alma:
Señor y Maestro mío, deseo hablar Contigo.
– Jesús:
Habla, porque te escucho en todo momento, niña amada; te
espero siempre. ¿De qué deseas hablar Conmigo?
– El alma:
Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el
perfume de agradecimiento por tantas gracias y
beneficios de los cuales me colmas continuamente y los
cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo
solamente que no ha habido un solo momento en mi vida en
que no haya experimentado Tu protección y Tu bondad.
– Jesús:
Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento abre nuevos
tesoros de gracias, pero, niña Mía, hablemos quizás no
tan generalmente, sino en detalles de lo que pesa más
sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente
como dos corazones que se aman mutuamente.
– El alma:
Oh mi Señor misericordioso, hay secretos en mi corazón
de los cuales no sabe ni sabrá nadie fuera de Ti, porque
aunque quisiera decirlos nadie me comprendería. Tu
representante sabe algo, dado que me confieso con él,
pero tanto cuanto soy capaz de revelarle de estos
secretos, lo demás queda entre nosotros por la
eternidad, ¡oh Señor mío! Me has cubierto con el manto
de Tu misericordia perdonándome siempre los pecados. Ni
una sola vez me has negado Tu perdón, sino que teniendo
compasión de mí, me has colmado siempre de una vida
nueva, la vida de la gracia. Para que no tenga dudas de
nada, me has confiado a una cariñosa protección de Tu
Iglesia, esta madre verdadera, tierna que en Tu nombre
me afirma en las verdades de la fe y vigila que no yerre
nunca. Y especialmente en el tribunal de Tu misericordia
mi alma experimenta todo un mar de benevolencia. A los
ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer
penitencia, no les has prolongado el tiempo de la
misericordia. Oh Señor mío, en el camino de mi vida has
puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía
segura. Jesús, en mi vida hay un secreto más, el más
profundo, pero también el más querido para mí, lo eres
Tú mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi
corazón. Aquí está todo el secreto de mi santidad. Aquí
mi corazón unido al Tuyo se hace uno, aquí ya no hay
ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es
Tuyo. He aquí la omnipotencia y el milagro de Tu
misericordia. Aunque se unieran todas las lenguas
humanas y angélicas, no encontrarían palabras
suficientes para expresar este misterio del amor y de Tu
misericordia insondable. Cuando considero este misterio
del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y
Te hablo de todo, Señor, callando, porque el lenguaje
del amor es sin palabras, porque no se escapa ni un solo
latido de mi corazón. Oh Señor, a pesar de que Te has
humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi
alma y por eso en mi alma se ha despertado un amor
todavía más grande hacia Ti, el único objeto de mi amor,
porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por
fuera como: pureza perfecta, humildad profunda, dulce
mansedumbre, gran fervor por la salvación de las almas.
Oh mi dulcísimo Señor, velas sobre mí en cada momento y
me inspiras sobre cómo debo portarme en un caso dado;
cuando mi corazón oscilaba entre una y otra cosa, Tú
Mismo intervenías, más de una vez, en solucionar el
asunto. Oh, cuántas e innumerables veces, con una luz
repentina me hiciste conocer lo que Te agradaba más.
– Oh, qué
numerosos son estos perdones secretos de los cuales no
sabe nadie. Muchas veces has volcado en mi alma fuerza y
valor para avanzar. Tú Mismo eliminabas las dificultades
de mi camino interviniendo directamente en la actuación
de los hombres. Oh Jesús, todo lo que Te he dicho es una
pálida sombra frente a la realidad que hay en mi
corazón. Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los
pecadores. Tú sabes lo que hago por ellos para
conquistarlos para Ti. Me duele enormemente cada ofensa
hecha contra Ti. Tú sabes que no escatimo ni fuerzas, ni
salud, ni vida en defensa de Tu reino. Aunque en la
tierra mis esfuerzos son invisibles, pero no tienen
menos valor a Tus ojos. Oh Jesús, deseo atraer las almas
a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la
vivificante agua de vida con el recipiente de la
confianza. Si el alma desea experimentar una mayor
misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran
confianza y si su confianza es sin límites, la
misericordia de Dios será para ella también sin límites.
Oh Señor mío, que conoces cada latido de mi corazón, Tú
sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan
exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la
grandeza de Tu misericordia.
– Jesús:
Hija mía amadísima, delicia de Mi Corazón, tu
conversación Me es más querida y más agradable que el
canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón
están abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que
necesites para ti y para el mundo entero. Por tu amor
retiro los justos castigos que la humanidad se ha
merecido. Un solo acto de amor puro hacia Mí, Me es más
agradable que miles de himnos de almas imperfectas. Un
solo suspiro de amor Me recompensa de tantos insultos
con los cuales Me alimentan los impíos. Tu más pequeña
acción, es decir, un acto de virtud adquiere a Mis ojos
un valor inmenso y es por el gran amor que tienes por
Mí. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo
reino como en el cielo. Mi ojo vela sobre ella día y
noche y encuentro en ella Mi complacencia y Mi oído está
atento a las súplicas y el murmullo de su corazón y
muchas veces anticipo sus ruegos. Oh niña amada por Mí
particularmente, pupila de Mi ojo, descansa un momento
junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual te
regocijarás durante toda la eternidad.
Pero, hija,
aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con
Mi gracia y lucha por Mi reino en las almas humanas y
lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán
los días del destierro y con ellos la oportunidad de
adquirir méritos para el cielo. Espero de ti, hija Mía,
un gran número de almas que glorifiquen Mi misericordia
durante toda la eternidad. Hija Mía, para que respondas
dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la santa
Comunión – ella te dará fuerza...
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